Hace unas semanas conocí a los 17 Hippies y ya no
soy el mismo. Fue en un reportaje del canal Arte. Su música
llamó mi atención, me fascinó, y me
puse a escuchar lo que decían. Lo que les oí
era refrescante, tonificante, atronador: 'elixir de vida'.
Sencillo y directo: se entienden porque quieren entenderse.
Son gente que llega desde muy diferentes experiencias vitales,
de distintas tribus, de diferentes lenguajes. Pero tienen
un espacio común que buscan y encuentran en la música.
Y para llegar a la música amor, esa palabra gastada
que a veces puede ser bonita como la cartera vieja que atesoramos
para poder tocar los recuerdos.
Yo no quería que el programa terminara y cuando acabó
fui en busca de su música. La escucho y oigo sus
voces, su entusiasmo tranquilo y seguro, su secreto, su
música. Sólo se puede hacer algo hermoso cuando
se hace con verdadero cariño. De su música
rezuma la alegría que tienen; lo bien que se lo pasan;
lo bien que les va juntos a los 17; lo músicos que
son. Y su música es un descubrimiento. Exactamente
igual que una vez se inventó el sonido New Orleans,
ellos han inventado el sonido 17 Hippies, o Kulturbrauerei,
de Berlín.
Son una banda de música de gitanos húngaros
a los que se les hayan unido unos judíos, que de
vez en cuando cantan en español o tocan la balalaica.
No les falta un fabricante de instrumentos, ni un cartero,
ni una estudiosa de la literatura alemana, ni un diseñador
gráfico, ni padres o madres con sus hijos, ni faltan
compositores, ni una cellista a la que le iba de pena con
el piano. Y de todo eso, que bien podría haber salido
sólo una ensalada para un par de días o un
churro malagueño, han inventado el excelente sonido
17 Hippies: alegría de vivir y una pizca de melancolía,
que es el punto más elegante que tiene la tristeza
humana.
Han tocado en EE.UU., en Francia, en Alemania y les andan
buscando para llevarlos a España. Su dossier de prensa
forma ya un volumen. Y siguen juntos, porque la fama no
lo es todo. Tenían temores -¡cómo no!-
de que la notoriedad les separara, de las envidias que siempre
salen al camino, de las rivalidades que suelen convertirse
en arrogancia. Pues siguen juntos, y de todo habrán
tenido, pero bien vivido, bien llevado y mejor resuelto.
A mí los 17 Hippies me han sumido el deseo de participar
con alguien donde disfrutar y que salga algo tan maravilloso
como lo que ellos hacen. Es verdad que tenemos La buhardilla,
pero yo quisiera ser músico, que creo que es el oficio
más noble y grandioso del mundo -y el más
hermoso-, para irme a Berlín y llamar a la puerta
de la antigua fábrica de cerveza. Para subir con
ellos por su 'media escalera'. Pero si preguntaran 'Wer
ist das?' no tendría respuesta.