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TOMÁS DE PERRATE
El Disco Duro

por Ricardo Chacón

Pegaíto a la margen izquierda del río Guadalquivir, entre Sevilla y Cádiz, existe un pequeño territorio donde se fraguó el arte flamenco. Y han sido una serie de clanes familiares gitanos, asentados en esos pagos, los responsables de la transmisión oral de este arte. Hablamos de los Cagancho, los Pelaos, los Ortega, los Vargas, los Fernández…o los Perrates. Gracias a estas dinastías gitanas, las formas primitivas del flamenco – tonás, martinetes, seguiriyas, soleares, romances o bulerías, construidas todas sobre un polirritmo que combina compases binarios y ternarios – han llegado hasta nuestros días.

La familia Perrate, asentada desde antiguo entre Utrera y Lebrija, ha perpetuado el legado de sus patriarcas, el Perrate y su hermana la Perrata, a través de sus descendientes contemporáneos: Juan el Lebrijano, Pedro Peña y Tomás de Perrate.

Tomás de Perrate

Partiendo de un profundo conocimiento de los cantes antiguos, Tomás de Perrate y su compañero de aventuras Antonio Moya, guitarra flamenca de esta grabación, comparten los estilos tradicionales con importantes innovaciones en la estética flamenca. Desde las soleares recreadas por su padre, el Perrate, para voz y guitarra, hasta las seguiriyas para voz, guitarra y batería que podemos considerar una primicia mundial.

Junto a la guitarra sabia de Antonio Moya, seguidor de Diego del Gastor y discípulo preferido de Pedro Bacán, han estado un grupo de músicos instalados en el rock y el jazz, pero enamorados de la aventura flamenca: Manuel Nieto al bajo, Lolo Álvarez a la guitarra eléctrica, Álvaro Gandul a la armónica y los teclados y Ricardo Pachón Jr. a la batería.

donde se apuntan maneras nuevas de interpretar a los clásicos. El inexorable ritmo de la batería marcando los doce tiempos de la seguiriya es una insinuante invitación a los que saben cantar “cuadrao” y un toque de atención para los que afirman que las tonás y las seguiriyas son cantes libres…

En estos tiempos de preocupante sequía flamenca y de aburrimiento de tanguitos con el inevitable cajón (el instrumento que más daño ha hecho al flamenco) este trabajo nos devuelve la ilusión de un cantaor rancio que, después de dominar a los clásicos – no olvidemos que es nieto de Manuel Torre – se permite investigar e innovar sobre estos cantes respetando su carga de belleza y de verdad.

 

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