José Luis Cortés


Nací en Badajoz, en el seco año de 1954, y allí cursé el bachillerato: En 1969 nos trasladamos a Córdoba, donde terminé el PREU. En la Universidad de Sevilla hice el Selectivo de Ciencias y desde allí me trasladé a Madrid, donde en la Universidad Complutense estudié Biología, en las ramas de Zoología y Botánica.

Compaginé los estudios con trabajos de profesor en el colegio Retamar, de Madrid, donde continué al final de la carrera, hasta que hice las oposiciones a profesor Agregado de Instituto, que saqué en 1980. Destinado en primer lugar al Instituto de Manoteras, al cabo de un año, antes de esto de las autonomías, me largaron a Zaragoza, al IES Ramón Pignatelli, como profesor de Ciencias Naturales. Aquí sigo y aquí me casé con Rosa. Tengo dos hijos, Alejandro y Antonio, ambos buenos mozos.

Tengo muchas aficiones, mas de las que debería, me encanta el campo en todas sus vertientes, lo disfruto con ojos de naturalista y de persona; tanto me puede fascinar un paisaje como un pequeño bichito, por sus formas o colores. Me gusta la pesca deportiva, y si puedo pescar un lenguado, lo tiene claro: acaba en la sartén. Cuando con mi cuñado Paco estoy en el barco, y solo se oye y se ve mar, me quiero morir. Eso es la leshe: no saber ni donde está Africa ni dónde está Europa, el territorio de las orcas y los tiburones, de los grandes viajeros marinos. Y 30 o 40 metros de agua bajo nuestro cascarón.




Aquí estoy a las puertas de la residencia de la SS en Badajoz, se ve a un hombre con la mano puesta en mi hombro, y a mi padre Juan (qepd). También está mi hermano mayor, Juanchy, mi hermano Javier y Nena, una de mis hermanas. O tempora, o mores

También me gusta el deporte, jugué mucho al futbol, al tenis y en carreras. Ahora estoy algo dejado y me muevo poco: aunque sigo saliendo al campo y dando buenas caminatas, normalmente acompañando a alumnos. He visitado el galacho de Juslibol con muchísimos de ellos, también La Alfranca, Belchite, los Pirineos, el Moncayo, Cantalobos...

Soy un fanático de Andalucía, es mi tierra espiritual; y cuando muera tengo dicho que me incineren y me tiren en las aguas del Estrecho: ellos sabe donde, con un a tomar pol culo, panoja. Allí los peces están acostumbrados al sabor de la carne humana, lamentablemente.

Aquí se me ve soplando la trompeta con mis amigos  los gitanos de la Fanfarria Ciocarlia, en Cartagena, debajo del submarino de Peral. Yo siempre rodeado de ambientes selectos y compañías agradables, je.


Me encanta la música: Kraftwerk, Bob Dylan, el soul y el blues, la música étnica, los africanos, los gitanos, el country: Jonhy Cash, me encanta el son cubano, la música de Brasil y mucho, mucho, el flamenco, Caracol, Morente, Camarón, Rancapino, los Agujetas. Estoy en la peña flamenca de Zaragoza, y de ahí me tendrán que sacar con los pies por delante. Es nuestra religión, y somos talibanes

También me gusta escribir, especialmente sobre música, de hecho tengo decenas de artículos publicados en Andalán, Rock de Lux, Ruta 66, Diario 16 de Aragón, etc. Lo dejé de lado porque al dedicarme al management de grupos no parecía muy ético seguir dándole a la pluma y vendiendo burras, pero cualquier día me destapo de nuevo

Este soy yo, con cara de mala leche y algunos años menos.

La música me gusta desde siempre, escucharla, leer sobre ella, he gastado cientos de miles de duros en música; es mi  vicio mayor. Compro discos desde siempre, y aprendí a tocar la guitarra con libretos de canciones de Bob Dylan. Aunque ahora le doy menos, creo que podría cantar decenas de sus temas.
Sería maravilloso poder cantar flamenco, y aunque de cuando e cuando hago mis pinitos, me faltaría otra vida para aprenderlo. Pero como todo sale del corazón, pues tampoco tiene importancia. He cantado poco en público, mas bien en reuniones y momentos especiales, pero cuando se canta los males se espantan. Canta y no te cortes, hombre. Expulsa los bichos al aire



Aquí dándole al bluesdaniels, en la sala Millenium de Córdoba. Qué éxito, chavales. Era un bar que llevaba mi hermano Angel, con un ambiente fantástico. Fuí con Los Chiquitos de Blanco, gente del grupo Combays y lo pasamos cañón
La amistad; no sé qué sería de esta vida sin los amigos, aquellos con los que hasta el silencio es un lujo, y con los que pocas palabras sirven para todo. Algunas veces duele, pero la mayoría es un placer. es como el dolor de los hijos: nada es igual cuando te asomas a la cama de un enano en silencio y suspiras no sé qué bondades. hay que ser valiente para lo bueno y lo malo. Ambas cosas exigen temple.






Yendo hacia Córdoba, en Puerto Lápice, con mi compañero y hermano Labri, con el que hice tantos kilómetros por esos mundos acompañando a los Combays: Con este grupo conviví mas de una docena de años y me hicieron pasar buenos y malos momentos. Creo que marcaron una época en el pop gitano; y si no te lo crees escucha la canción de El del medio de los Chichos, y luego la de Amor, en el primer disco de los Combays. Si no es un plagio, le fala solo un pelín.

El flamenco es un camino de vida, una forma de sentir, con un arraigo extraordinario en el sur de España. Mucha gente cree que son gitanos pegando alaridos, pero esa visión, aparte de muy antigua es consecuencia de la ignorancia. He pasado ratos extraordinarios en compañía de artistas flamencos, siempre asequibles y humanos, no como algunas "estrellas" del rock. El flamenco es un potaje que nace de la propia variedad cultural de nuestra tierra: en él confluyen todos los elementos del folklore que ha bañado esta piel de toro.

En la foto con Rancapino, en La sacristía, un bar de Conil de la Frontera (Cádiz). Me gusta el Ranca a morir. Para mí lleva una de las varas del cante, con esa voz tan personal y esas malagueñas que llegan a lo jondo.